¿Por qué hay miles de personas atrapadas en el norte de Bosnia? Una guía para comprender la Ruta de los Balcanes

Bárbara Bécares

Fotografies de Brecht de Vleeschauwer

Publicat en Revista Papers 74

Muchas veces cuesta entender por qué miles de personas migrantes o refugiadas están en Bosnia con el objetivo de llegar a la Unión Europea. Por qué no piden asilo o acceden de forma legal. Qué es lo que las mantiene ahí atrapadas. En las siguientes líneas podrás comprender mejor lo que sucede a las puertas de la Unión Europea, al este del continente.

“Está prohibido el movimiento y encuentros de personas migrantes en espacios públicos”. Así dicta una de las últimas reglas impuestas a finales de septiembre por el Cantón de Una Sana -al NO de Bosnia y Herzegovina, en la frontera con Croacia- a lo que ellos definen como “migrantes”. Así, en general. Eso se traduce en que las personas refugiadas que están atrapadas en el norte de Bosnia y Herzegovina, a dos kilómetros de distancia de la Unión Europea, no tienen ningún derecho. Ni siquiera el de caminar por la calle.

A finales de septiembre, unas 1.800 personas, según calculan las organizaciones independientes en terreno, están durmiendo escondidas en bosques alrededor de la localidad de Velika Kladuša, y otras 3.000, en bosques de las afueras de Bihac. Se esconden de las autoridades. Se esconden de la violencia. Se esconden de que la policía les pueda quemar su ropa y sus mochilas, sus mantas y sus tiendas de campaña. Todo lo que ahora mismo tienen como refugio y hogar. Se esconden para que no les suban a un furgón policial y se los lleven a algún lugar remoto.

Pero comencemos por el principio: ¿por qué hay tantas personas en el pueblo de Velika Kladusa? ¿Por qué hay incluso más personas en una ciudad cercana de pequeño tamaño, de nombre Bihac? La respuesta es sencilla si miramos el mapa. Y es que estas localidades están situadas en la frontera con Croacia, y Croacia ya es la Unión Europea. Al mismo tiempo, están muy cerca de Trieste, la primera ciudad italiana en línea con la Ruta de los Balcanes.

Trieste no sería un punto tan importante para las personas que están migrando por la Ruta de los Balcanes si no fuera porque los países del este de Europa, como Croacia, Eslovenia, Hungría o Rumanía realizan, día a día, devoluciones en caliente ilegales de las personas refugiadas y migrantes. Y a menudo con una enorme violencia, como informan las organizaciones que conforman la red Border Violence Monitoring Network desde el año 2017, cuando las fronteras comenzaron a cerrarse fuertemente.

¿Por qué no entran de forma legal?, se pregunta mucha gente.  Si las personas deciden cruzar las fronteras a escondidas e ilegalmente es porque la Unión Europea no ofrece vías legales ni seguras para llegar al occidente de Europa desde estos países en guerra, pobres o en conflicto. No hay datos concretos sobre cuántas personas han intentado pedir un visado, una protección fuera de las fronteras de la Unión Europea. Pero sí que hay muchas historias por Bosnia de personas que lo han intentado y no han recibido respuesta. Por ejemplo, Amín. Trabajaba en el Congreso de Afganistán como personal de seguridad de un parlamentario.  Un día estando en una boda llegaron personas que se identificaron como miembros de los Talibanes a darle la orden de que matase a un congresista o ellos le asesinarían a él. Amín no quería matar a nadie. Se escondió durante meses, y en algunas ocasiones fue a embajadas de países europeos a pedir protección. Y en solo una lo recibieron, pero a cambio de 20.000 dólares. Obviamente, bajo manga.  Su familia decidió vender propiedades y gastarse 10.000 dólares en una red de traficantes de personas que prometieron que en dos meses estaría en Alemania. Y acabó atrapado en los Balcanes durante casi 3 años, malviviendo en antiguas fábricas abandonadas, hasta que, tras 15 largos días, acabó en Italia, después de cruzar montañas nevadas y fronteras a escondidas. Ahora está tramitando el asilo. Porque si llegas a un país de Europa Occidental, entonces sí tienes derecho a iniciar el proceso de petición de asilo.

¿Y por qué no están en Grecia, que también es Unión Europea y el primer país en la Ruta de los Balcanes? Si miramos hacia allá, vemos que antes de Grecia está Turquía como país seguro por la ruta del este y punto de partida para muchas personas. De hecho, Turquía, de acuerdo con cifras oficiales del Ministerio del Interior turco, alberga casi 4 millones de personas llegadas de países en guerra o en conflicto en campos de refugiados. La inmensa mayoría son de Siria, seguido de personas de Afganistán, Irak, Irán o Somalia. Es de esos campos de donde unas pocas deciden irse. Turquía no ha firmado el convenio de Ginebra y eso impide que sean consideradas refugiadas o ciudadanas de Turquía, lo cual les complica el acceso al trabajo y a la educación.

A pesar de estas complicaciones, el número de personas demandantes de asilo en Grecia es escaso, respecto a los 4 millones que hay en Turquía. Según cifras de 2019 del gobierno griego, ese año había algo más de 60.000 refugiados y solicitantes de asilo. Muchas personas que están ahora en Serbia o en Bosnia, tratando de llegar a Europa Occidental, ya pasaron años en Grecia. Y tras ver su solicitud de asilo rechazada y el riesgo a ser deportadas a países como Afganistán o Irak, decidieron emprender el camino de nuevo. Muchas ya sin dinero, porque lo fueron gastando durante los años que esperaban una respuesta a su petición de asilo y, además, sin tener derecho a trabajar.

Entre Croacia y Grecia se encuentran Albania, Montenegro, Kosovo, Serbia, Macedonia y Bosnia y Herzegovina. Países seguros donde una persona procedente de un país en guerra podría encontrar paz. En cambio, para muchos ciudadanos de esos países estos refugiados solo tienen como único objetivo llegar a Europa Occidental por intereses económicos y no por seguridad. Además, todos estos países, a diferencia de Turquía, sí que tienen en su legislación la posibilidad de ofrecer asilo a las personas cuya vida puede correr peligro en su país de origen. Sin embargo, viendo las cifras oficiales, vemos que anualmente dan protección a una cantidad ridícula si la comparamos a las peticiones que se hacen. Por ejemplo, según información de Acnur, en Serbia, el pasado año, de casi 2.000 peticiones, se concedió el estatuto de refugiado a una persona y el de protección subsidiaria a otra. Y los demás países también muestran cifras escasas de asilo.

Con esta información en las manos, volvemos al norte de Bosnia, al Cantón de Una Sana, la región pegada a Croacia y que alberga la mayor parte de la población migrante. Se calculaba este verano, según cifras oficiales, que había 7.000 personas. Y en toda Bosnia y Herzegovina, según la Comisión Europea, habían entrado, desde comienzos de 2018, unas 60.000 personas.

¿Dónde están esas decenas de miles de personas? Muchas ya han logrado cruzar la frontera y han llegado al país que tenían en mente cuando dejaron sus casas. Según corroboran las organizaciones presentes en terreno, la mayoría consigue su objetivo. Eso sí, tras años de ruta. Hay personas en Bosnia que van a pasar ahora su cuarto invierno en este camino sin derechos, y con muchos miedos y traumas, víctimas de la depresión y el Trastorno de Estrés Postraumático que se ha analizado en diversas universidades. Ahora bien, otras muchas siguen atrapadas en Bosnia, otras aún mueren a menudo en los ríos. Esta información la cuentan solamente los grupos de voluntariado independientes de la región, ya que, en muchos casos, las autoridades se niegan a investigar estos hechos. Un caso conmovedor reciente fue el de un hombre mayor de Pakistán que voló hasta Bosnia para presionar a las instituciones para que buscaran el cuerpo de su nieto que, según sus amigos de viaje, se había ahogado en la frontera entre Serbia y Bosnia. Y lo que se encontró fue una absoluta falta de interés.

Otras refugiadas y migrantes intentan cruzar a la Unión Europea por Serbia. Pero por ahí es más difícil cruzar, porque entre Hungría y Serbia hay una complicada y kilométrica alambrada. Según cuentan muchas de las personas refugiadas que están ahora en la región, una opción bastante nueva es pasar de Serbia a Rumanía, de Rumanía a Hungría y de ahí a Austria. Es igual de arriesgado que el mencionado ‘Game’ de Bosnia a Croacia, pero la situación dentro de Serbia hoy día es algo mejor que en Bosnia. Al menos en Serbia hay campos con capacidad para albergar a más personas. En Bosnia y Herzegovina los campos son insuficientes, peor equipados, y en septiembre de este año las autoridades decidieron cerrar dos de los más importantes, lo que deja a muchas personas en la calle.

Hay que recordar que tampoco aquí estas personas tienen derecho a trabajar, ni de alquilar su propia casa o apartamento. Y la última normativa recién anunciada, les quita también el derecho a caminar en espacios públicos.

Hace unos días, como publicó la organización No Name Kitchen en sus redes sociales, deportaron a tres familias afganas con 8 niños y niñas y una pareja de ancianos. Tras la devolución desde Croacia pasaron la noche en un garaje frío que un vecino les prestó. Antes de amanecer, cuando aún hacía mucho frío, les dijo que tenían que irse, porque temía que la policía lo descubriera y que tuviera problemas con las autoridades. “Así están las cosas por aquí: ofrecer cualquier espacio o un techo a unos niños agotados puede traerte problemas con la policía”, describía la organización. Un día de mucha lluvia los miembros de esa la familia se cobijó en una casa vacía en construcción, pero unos vecinos llamaron a la policía y los agentes vinieron a echarlos de allí. Se fueron caminando durante cinco horas bajo la lluvia a una casa abandonada que conocían y muy alejada de cualquier localidad. Y al final acabaron deportados en un campo oficial de refugiados de una localidad que solo aceptaba hombres. Y el campo en el que están registrados está a unas doce horas de caminata. En el colmo de sus dificultades, por ser personas nacidas en Afganistán se veían privadas del derecho a que alguien los llevase en coche, a subir en un autobús o a pagar un taxi. Además, aceptar a una persona refugiada o migrante en el coche puede llevar al conductor a ser acusado de traficante de personas y verse en el riesgo de tener que enfrentarse a penas de cárcel, aunque solo fuera para llevarlas de un punto de la ciudad a otro, incluso si una de esas personas  estuviera enferma y necesitara ir al hospital.

En todo este contexto, la Unión Europea acaba de anunciar un nuevo Pacto Migratorio. Ese pacto se entiende como un eje central de solidaridad. Pero esa solidaridad implica que los países que no quieren aceptar la cantidad de personas refugiadas que les corresponden deben hacerse cargo de los costes de repatriación de aquellas personas cuyo asilo han rechazado. Hay que recordar que se pactó reubicar a personas desde Grecia, y muchos países, sobre todo del este de la UE, no acogieron a nadie. Así que este nuevo pacto sigue sin ofrecer vías legales ni seguras para el cruce de fronteras.

Este artículo ha sido desarrollado gracias a The Pascal Decroos Fund. Más información en  www.fondspascaldecroos.org

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